¡Alguien que pare esto!
Parece que estamos en un carrito en la “Montaña Rusa” del parque de Chapultepec. Te subiste convencido de que iba a ser un viaje divertido, solo por un tiempo. El inicio, pareció, por un momento, lento, unas pocas curvas, izquierda, derecha para iniciar el ascenso, quizás nada importante. Un bajón inmediatamente después de alcanzar la cima, ahí a unos metros y con el impulso llegamos a una curva que nos regresa 180 grados. Hacia atrás, para inmediatamente caer en una bajada que parecía poco importante pero que en verdad fue pronunciada. Cada vez el carrito toma impulso, para subir e inmediatamente bajar. El movimiento es cada vez mayor, subidas y bajadas, pero estas curvas son hacia la izquierda y pronunciadas. Sin darnos cuenta hemos tomado altura y bajamos a gran velocidad en una pendiente que incrementa nuestra caída y velocidad, nada nos detiene y el carrito sigue tomando impulso, hacia abajo y tomo mas y mas velocidad. Nada lo detiene, empiezas a pensar que ya no es divertido.
Te dijeron que iba a ser una experiencia increíble, divertida. Que te pasarías un momento agradable, entretenido. Después de algún tiempo vez que la estructura no esta bien conservada. Hay elementos estructurales poco adecuados. El tiempo ha hecho estragos. No se ve por ninguna parte que le hayan dado mantenimiento. La fuerza del carrito hace que los maderos truenen. Hay estertores, como quejidos, que emite la montaña. Son las lamentaciones de los abusos del tiempo, clima, intemperie, corrosión y la coacción de todas las fuerzas ambientales. El movimiento parece no tener fin. Lo que en un inicio aparento ser chistoso, con ciertas expectativas de entretenimiento resultan no serlo. Sigue la fuerza generada por la gravedad su progresión, la velocidad aumenta. No hay nadie que detenga el funcionamiento. Ya no resulta agradable. Te das cuenta, pero es demasiado tarde y entonces surgen los gritos, ya no de alegría. Esta vez de angustita. Empieza la desesperación. Finalmente, una voz que grita:
¡Alguien que para esto! Luego alguien dice: ¡ayuda! otro, y otro más. Por ningún lado se ve al encargado de la maquinaria. Muchos permaneces sin entender lo que pasa, hasta que, después de algún tiempo que continua el subir y bajar del juego ya no resulta divertido, todos quieren que pare. No hay nadie que lo detenga, el encargado, sentado a lo lejos en el cuarto de controles, se quedó dormido y esta soñando, muy lejos del lugar en un sitio lleno de fantasía, recibiendo un boleto de lotería de un avión que no se rifa y de un premio que no es premio. Viendo que se hará el juicio a los expresidentes sin darse cuenta de la situación del engaño y sus posibles complicaciones.
La gente se ha reunido alrededor estupefactos, participando como espectadores, perplejos en el drama que se desenvuelve sin entender nada. Parecen embelesados por el movimiento y adormilados en un estado de ensoñación acompañando al responsable de los controles.
También sueñan y “duermen el sueño de los justos”, aparentemente sin cargos de consciencia, pensando que todo este movimiento ha sido ético y moral. Nada que los perturba. Sin embargo, la realidad y el significado de su aparente tranquilidad es lo contrario. Estancamiento, más pobreza, deficiencia sanitaria, las finanzas al garete y todo el país sin avanzar.
Empiezan los gritos de advertencia, pero los oídos están sordos. Aún las voces que surgen de advertencia, se escuchan muy lejanas. Tanto en el norte como en el centro y sur. Débiles pero presentes, ya se manifiestan.
Desde afuera empiezan a reunirse grupos que quieren ayudar, buscar la forma de evitar una catástrofe. Se dan cuenta que han cercado el sitio y cerrado todos los accesos, no es posible ingresar para
Como mexicanos no tenemos nada que celebrar, las Fiestas Patrias han sido ahogadas con el grito, no de ¡Viva México!, de: ¡Justicia, medicinas, agua, salud!
No vamos bien.
La nube se esta cargando de llanto, tristeza, inseguridad, pobreza, escasez. Cada vez más pesada y obscura. Empieza la amenaza de tormenta.
¿Habrá alguien que detenga esto?